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Las mujeres indígenas que luchan por la tierra sagrada

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Katie Dancey-Downs

Las comunidades indígenas de todo el mundo luchan por proteger tradiciones culturales que cuentan con miles de años, también sus tierras y los ecosistemas donde viven.

La asociación Indigenous Climate Action, ganadora del Lush Spring Prize 2017, representa a los pueblos aborígenes de Canadá, donde se desplazó la escritora Katie Dancey-Downs para conocer la realidad desde dentro.

Ta’ah, una anciana del pueblo Tsleil-Waututh, está preparando la ceremonia, por la que invoca el poder de sus antepasados. Lo primero es lo primero, por eso, Ta’ah cepilla a las mujeres con una rama de cedro y agua purificada. Todas ellas, que se encuentran cara a cara por primera vez, forman Indigenous Climate Action. El ritual al que asisten marca el inicio de la organización, que lucha por la justicia climática y los derechos de las personas indígenas.

“Así es como queremos que sea el agua”, asegura Ta’ah, señalando el líquido purificado. Antes de empezar la ceremonia, había hablado de la contaminación del agua y del fatal impacto de las actividades industriales. La historia del pueblo Tsleil-Waututh está muy ligada a las aguas sagradas, el piragüismo y la natación. Ahora, sin embargo, meterse al agua que un día fue pura significa salir con “la piel llena de sarpullidos”, según apunta la anciana.

De repente, Ta’ah se pone pálida y deja de hablar. “Acabo de ver a una ballena muy enferma”, dice después de una pausa.

“Estaba en la playa, acostada en la orilla y abatida. Tenemos que hablar por todos los animales”, continúa.

Esta es solo una de las muchas razones por las que el mundo necesita asociaciones como Indigenous Climate Action, para poner voz a la madre naturaleza y utilizar su conocimiento para proteger el planeta. Tanto si hablamos de ballenas en Vancouver, como si lo hacemos de tierra sagrada que ha sido convertida en oleoductos o vías de tren.

Ta’ah y otros ancianos, nativos de lo que ahora se conoce como la Columbia Británica, viven atormentados por la destrucción de sus espacios sagrados, que fueron reemplazados por colegios construidos por el gobierno. Estas escuelas fueron diseñadas para que los niños indígenas asimilasen la cultura canadiense, desterrando así sus costumbres y su lengua nativa. Todos los ancianos con los que hablamos en esta visita afirmaban haber experimentado, durante años algún tipo de abuso: verbal, físico o sexual.

Pero ya no quieren pensar en el pasado, sino poner todas las esperanzas en la siguiente generación, la que ahora lidera Indigenous Climate Action. Los más jóvenes pueden aprovechar el dolor y sufrimiento que sus padres y abuelos vivieron de primera mano. Por suerte, ellos tienen el poder de cambiar las cosas.

indigena

Dar voz a los indígenas

“Soy Eriel Tchekwie, la mujer trueno, la que transmite el sonido del relámpago”, explica la joven.

Eriel Tchekwie Deranger, directora y fundadora de ICA, ha visto destruida su tierra nativa, Athabasca Chipewyan. En estos terrenos las arenas bituminosas permiten extraer el llamado betún o bitumen, el petróleo de Canadá.

Estas arenas bituminosas suponen, en realidad, un problema mucho mayor: los indígenas han quedado fuera de toda decisión.

“Es muy importante dar poder a las comunidades indígenas, ya nos han dejado fuera de demasiadas decisiones. Acabamos de celebrar 150 años de historia en Canadá y, para muchos, han sido 150 años de opresión”, afirma la activista.

Eriel tardó mucho en decidirse, no se veía a sí misma creando y liderando una organización, pero los miembros de su comunidad la convencieron. Así que la mujer trueno (que es lo que significa su nombre en su lengua nativa) se rodeó de otras cinco indígenas para unir fuerzas, sabiduría y conocimiento.

“¿Por qué hago esto? Sinceramente, no me queda otra opción”, explica la joven.

La asociación que lidera Eriel no se centra en una única solución para el cambio climático. La ICA existe para apoyar a las comunidades indígenas de Canadá, dándoles la capacidad de convertirse en defensoras del clima.

“Somos las más vulnerables a cualquier cambio relacionado con los problemas climáticos, pero también somos las que más soluciones podemos aportar. Tenemos la capacidad de ser resilientes, precisamente por nuestra relación con la tierra”, defiende la fundadora.

Las soluciones al cambio climático que propone la organización se centran en la defensa de la tierra y surgen del conocimiento indígena tradicional. También desafía a los impulsores de la destrucción del planeta, para ello, hace uso de los derechos de los indígenas sobre los territorios y utiliza el derecho internacional para empoderar a las personas y obstaculizar los proyectos que amenazan la tierra.

Eriel y su equipo se reúnen con las comunidades aborígenes de Canadá para descubrir cómo pueden apoyarlas y trabajar para construir una especie de manual indígena contra el cambio climático, que dote de herramientas a los nativos. Estas herramientas tienen el objetivo de conectar a las comunidades, proporcionar recursos y aumentar el debate sobre los derechos de los pueblos nativos y el cambio climático.

organizacion

La ICA apoya a un grupo llamado The Tiny House Warriors (Los guerreros de la casa diminuta), que brinda soluciones para el cambio climático, plantando cara a las amenazas que sufre la naturaleza, el agua y las tierras sagradas. El grupo está construyendo diez casas diminutas que va a situar en una ruta donde podría construirse un oleoducto. Situado en Trans Mountain Kinder Morgan, la idea es que transporte petróleo crudo a lo largo de 518 km. Las casas que ha contruído la asociación funcionan con energía solar y tienen ruedas, para que sean fáciles de transportar.

Kanahus Manuel, activista indígena y defensora de la tierra, lidera el grupo The Tiny House Warriors. Su nombre significa “mujer roja”.

“Este oleoducto, que recorrerá un largo camino desde las arenas bituminosas de Alberta hasta nuestros territorios, va a atravesar montañas inalteradas, glaciares y ríos, y va a tener un gran impacto en nuestra forma de vida, porque estamos muy conectados con la tierra”, dice Kanahus.

La activista también explica que su organización tiene más de un propósito. Las casas que han construido no solo sirven para impedir que se construya el oleoducto, también son auténticos hogares. La idea es demostrar que se puede vivir bajando el nivel y obteniendo menos recursos de la tierra.

“No necesitamos estar todo el día consumiendo para ser más felices en la vida. De hecho, podemos reducir el impacto negativo en la tierra y demostrar que somos capaces de construir nuestras propias casas. Podemos resolver algunos de los problemas que enfrentamos por culpa de la colonización”, explica Kanahus.

Los pueblos indígenas ya han atajado cuestiones ambientales como el reciclaje y la reutilización, tal y como defiende Kanahus, porque no son consumidores feroces.

ICA apoya a este grupo promocionando su causa, ayudando a recaudar fondos, poniendo en contacto a gente y buscando apoyo para celebrar eventos. En el futuro, ICA planea construir una estrategia de medios completa en torno a grupos como este. Podcasts, seminarios web y mini documentales podrían dar a conocer los esfuerzos de las personas que defienden distintas causas climáticas.

Es el caso de la Alianza de los Pueblos del Pacífico (Isla Victoria, Vancouver), otra organización con la que colabora ICA, que pone el foco en la justicia ambiental y social, y que trabaja con comunidades indígenas de todo el Pacífico. Además, han organizado una conferencia internacional, llamada Red Tide Summit, para hacer contactos y poner en común problemas climáticos. Este encuentro lo han convocado junto a la Fundación Toitoi Manawa, que será la sede de la cumbre en Nueva Zelanda.

“Su visión es nuestra visión, y tenemos que trabajar con personas de ideas afines”, defiende Eriel.

Esto es lo que necesita el mundo

Eriel Tchekwie Deranger está de pie en el salón de los ancianos en Tsleil-Waututh. Escucha atentamente la entrevista que le hago a Ta’ah, la anciana que la bendecirá mañana en el ritual y que tendrá la visión de la ballena enferma.

Ta’ah me habla de su tierra, su gente y el oleoducto de Kinder Morgan que lo está arrasando todo. Cuando termina de hablar se produce un largo silencio. Ta’ah y Eriel lloran por el dolor que sienten por su tierra y su gente, y, en ese momento, la claridad de que el mundo necesita cambiar es casi absoluta.

Después vamos a una playa de piedras, al otro lado de la carretera donde viven algunos miembros del pueblo Tsleil-Waututh, y vemos un águila sobrevolando nuestras cabezas, dirigiéndose a lo alto de una montaña. El agua que hay enfrente es sagrada para los indígenas. Sus antepasados llegaron en canoa hasta aquí, donde celebraron sus ceremonias sagradas. Y, también desde aquí, se puede ver una refinería de petróleo, lazandando al cielo su humo negro. Justo al lado hay una sucursal de Kinder Morgan, que proporciona el petróleo crudo a la refinería. Es enfermizo, no hay otra manera de describirlo.

Cuando observas todo desde esta tierra sagrada, las cosas parecen muy obvias. ICA está pidiendole al mundo que la escuchen, que cese la destrucción y que dejen a los indígenas decidir. Ahora es el momento de actuar.

Indigenous Climate Action ganó el Lush Spring Prize 2017 recibiendo 25,000 Libras de premio en la categoría Premio Joven. El Lush Spring Prize 2018, coordinado por La Cooperativa de Consumo Ético, se celebrará en mayo de ese mismo año.

“Acabamos de celebrar 150 años de historia en Canadá y, para muchos, han sido 150 años de opresión”, afirma Eriel Tchekwie Deranger, directora ejecutiva y fundadora de Indigenous Climate Action (ICA).

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